Discurso de apertura caminata Un Paso Por La Vida

Por / Seminarista Cristian Mercedes.

El Seybo

Quiero iluminar este momento con un cuento que Anthony de Mello recoge en su libro “Un minuto para el absurdo”:

Dijo un día el Maestro: “No estaréis preparados para combatir el mal mientras no seáis capaces de ver el bien que produce”. Aquello supuso para los discípulos una enorme confusión que el Maestro no intentó siquiera disipar. Al día siguiente les enseñó una oración que había aparecido garabateada en un trozo de papel de estraza hallado en el campo de concentración de Ravensburg:

Acuérdate, Señor, no sólo

de los hombres y mujeres de buena voluntad,

sino también de los de mala voluntad.

No recuerdes tan sólo el sufrimiento

que nos han causado;

recuerda también los frutos

que hemos dado gracias a ese sufrimiento:

la camaradería, la lealtad,

la humildad, el valor,

la generosidad y la grandeza de ánimo

que todo ello ha conseguido inspirar.

Y cuando los llames a juicio,

haz que todos esos frutos que hemos dado

sirvan para su recompensa y su perdón”.

Trascender (ser más), alcanzar la felicidad, ser pleno esa es la llamada que cada día recibe en su historia el ser humano. Este se bate en una batalla sin descanso por disminuir todo aquello que se opone a la realización de sus proyectos, al alcance de sus metas. De ello es testigo el desarrollo de la técnica y de la ciencia, que hoy nos sorprende con nuevos hallazgos, nuevos logros y nuevas teorías.

Esta batalla sobre la que se lanza el ser humano con sus armas más fuerte, encuentra como enemigo escurridizo: el dolor.

Todo hombre, toda mujer experimenta que la anhelada felicidad y plenitud se dan a sorbos, o en ocasiones están del todo ausentes. Mientras que el dolor y el sufrimiento parecen tener su voz más activa y su extensión más universal.

Esto es así, porque si es verdad que la sed de plenitud en el ser humano es algo intrínseco a su condición, también lo es el dolor, que no sólo es físico, sino que, posee otras dimensiones.

El dolor, el sufrimiento y, en definitiva, el mal es para el hombre un profundo misterio, que quebranta la grandeza ambicionada, llevando a lanzar un grito, una queja, un llanto ante el Omnipotente. Este misterio lleva al hombre a ahondar sobre sí mismo, a preguntarse por el sentido de la vida, la bondad y presencia de Dios.

¿Éste puede ser visto como una realidad positiva?

El dolor por formar parte de la condición humana crea una insospechada solidaridad entre los hombres, de tal modo que el ser humano padece con otros, sufre con el sufrimiento del otro y sale en movimiento centrífugo en ayuda de los otros.

Vivido como un trágico drama, en especial si es el dolor del inocente, nos abre al encuentro con Dios.

La Sagrada Escritura presenta a un hombre tocado de lleno por el sufrimiento: Job, quien pierde todo cuanto tiene: hijos, posesiones, su salud. La explicación que encuentra a su mal se la ofrecen tres amigos cada uno de un modo particular: Dios te ha castigado por algún pecado. Job se resiste a la idea de la ofensa, a la idea de un Dios al acecho de las faltas, la explicación ha de estar en otro lado. Al final en medio de la tormenta descubre la grandeza de Dios que supera la estrechez del pensamiento humano.

Pero no por ello dejamos de percibir en el relato de Job la idea de prueba. Satán presente ante Dios pone en duda la fidelidad de Job afirmando que esta es fruto de todas las bendiciones recibidas. Esta idea se extiende más allá de este libro. Al final Job resulta justificado, pero la pregunta por el sufrimiento y el dolor queda abierta.

El Pueblo de Dios percibe los sufrimientos que se le avecinaban como una llamada a la reflexión y a la conversión.

No es sino en Jesús donde se encuentra la respuesta al dolor, y la postura de Dios frente a Él. En Jesús, Dios asume el dolor humano en toda su hondura y con todas sus consecuencias. Asumir el dolor no es posicionarse a su favor, pues se nos dice que Jesús pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo… (Hch 10,38) y ¿quién más que Dios es el protagonista del combate frente al mal? ¿no ha sido Él quien ha dado a su Hijo para que el hombre tenga vida y ésta en abundancia?

Asumiendo el dolor humano Cristo entra en las profundidades de la condición humana, solidarizándose con ella para elevarla a Dios. Dios no quiere la miseria humana, se solidariza con su dolor. Y en Jesús manifiesta su voluntad de cambiar las condiciones de vida del ser humano, llenas de dolor, sufrimientos, mal. En esto hemos conocido el amor: en que él ha dado su vida por nosotros…

 Asumiendo el dolor de la humanidad Cristo nos ha alcanzado la redención. No es que Cristo ame el dolor, no es que lo haya perseguido, no es que el sufrimiento por sí mismo tenga valor salvífico, pues en su misma persona el sufrimiento es un mal que tarde o temprano engendra en el corazón del hombre rebeldía y alejamiento de Dios. Lo que hace la diferencia entre el dolor de Jesús y el de otros hombres es la manera como Jesús lo afronta, en entrega y obediencia al Padre, que no es sordo a ese dolor y responde amorosamente dando vida.

Por tanto el dolor, vivido en Cristo, se constituye para el hombre en un momento de participación en la cruz de Cristo, que no es más que la unión del adolorido en la entrega obediencial de Cristo para que muerto con Cristo participe de la nueva vida divina de la que Él participa. Cristo es la respuesta definitiva al dolor, pues en Él se realiza el misterio del encuentro entre Dios y el dolor humano.

Hoy podemos decir como en el pregón pascual: “Bendito dolor, que nos mereció tal Redentor”.

Recapitulando cuanto hemos dicho vagamente, podemos decir que el dolor no querido ni por Dios ni por el hombre lleva consigo una carga de positividad:

Ayuda al hombre a situarse en su condición, condición hecha de límite, pero llamada a superarse. Y una llamada a preguntarse por el sentido de la vida.

  • Crea una solidaridad insospechable entre los seres humanos que los lleva a prestar una mano amiga al necesitado.
  • No es un castigo impuesto por Dios, pero sí la oportunidad de abrirse a Él y contemplar su grandeza.
  • Es una llamada a la reflexión y la conversión.
  • Es un acontecimiento que me une al mayor de los acontecimientos: la redención. Lo que nos abre a la Vida.

Empecemos esta marcha sabiéndonos en solidaridad con tantos hermanos nuestros golpeados por el dolor producido por el cáncer, como grito de protesta y llamada a la conciencia. Empecemos esta marcha sabiendo que estamos dando “Un paso por la Vida”

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